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"Me arrastró a una vida de perdición, pero pude salir"



Me arrastró a una vida de perdición, pero pude salir


Tomado de El Imparcial
Yesicka Ojeda
7 de enero de 2019

GUAYMAS, Sonora(GH). Carolina se fugó a los 14 años de edad con la persona que creyó sería el hombre perfecto para formar una familia, porque buscaba liberarse de las reglas que había en su casa, sin imaginar que viviría un calvario junto a sus tres hijos.

La mujer tiene 35 años de edad en la actualidad y aún recuerda con gran dolor su pasado, pues durante 10 años estuvo sometida a todo tipo de maltrato en la que arrastró a sus hijos, sin darse cuenta del daño que les hacía.

“Me fui de la casa antes de cumplir los 15 años y mis papás lo permitieron porque ya estaban muy cansados de mí; siempre fui una niña problema, me corrían de todas las escuelas, por mi culpa una vez casi matan a mi hermano y él era un niño bueno, que nunca dio problemas”, recordó entre lágrimas.

A los 15 años tras celebrarle sus padres una cena de cumpleaños dio a luz a su primer hijo, un niño sano, que llenó de gozo a la pareja, pero al ver la responsabilidad que implicaba, los problemas pronto aparecieron.

El niño desde pequeño sufrió maltratos, por lo que fue retirado por sus abuelos maternos, mientras ellos continuaron su vida feliz otra vez como novios, pero eso cambió al llegar el segundo hijo.

“Cuando nació nuestro segundo hijo los problemas regresaron, yo era muy chica, aún no cumplía los 18 años de edad y ya tenía dos hijos, no sabía cuidarlos y él no ganaba lo suficiente para mantenerlos, y así fue como empezaron los gritos, los golpes y mi gusto por la bebida”, narró.

A su corta edad, creía que había vivido de todo y era suficientemente fuerte para aguantar lo que viniera, pero al nacer su tercer hijo, se dio cuenta que lo peor estaba por venir, pues los problemas económicos se agudizaron.

“Cuando nace mi tercer hijo fue peor, ya no solo tomaba alcohol para olvidar lo que pasaba en la casa, también me drogaba, pero no lo hacía sola, ahí estaba mi esposo, él me las daba; los niños estaban muy pequeños, no se daban cuenta de lo que pasaba, sólo lloraban y lloraban porque no les dábamos comida ni los atendíamos por mucho tiempo”, externó.

No pasó más de un año para que los papás de Carolina se dieran cuenta de lo que sucedía y optaron por sacarla de su casa junto a los dos pequeños e internarla en un centro de rehabilitación hasta que se recuperó.

“Afortunadamente mis padres nunca me abandonaron, siempre estuvieron pendiente de mí y de mis hijos, por eso me salí de esa vida de infierno que no le deseo a nadie.

“Llegué a sentirme peor que una basura, abandoné a mis niños muchas veces, sin importarme nada y eso con nada lo voy a cambiar, ellos ahora son unos jovencitos y aunque nunca hablamos del tema, sé que lo recuerdan todo”, apuntó.

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